| La trampa, el ratón y el queso. El sueño, la pesadilla y el insomnio. La tijera cortando el recuerdo. El déjà vu. La verdad. Los fuegos y los ritos. Las señales, los presupuestos. Las promesas. El currículum de los fantasmas. El resultado de lo invisible y lo ausente. La esperanza. La espera y el vacío. Todos juntos y a la deriva. Lo parido y por parir. La foto mental y repetida. Las mesas tendidas. La sopa humeando en el plato. El múltiplo de dos o más. El número mágico. La cábala. La sangre y el arco iris. El deseo quieto en el abrazo. Vivo, intermitente, caracoleando. Lo que trepa, sube y sigue. El cielo. Los ladrillos. La señal de largada, la meta. La voz escuchada en el sonido más blanco y solo. La luz. El flujo de la marea. Ir y venir. La casita de papel diseñada a un costado del mundo. El grito. El ansia. El querer devorarse en el tiempo y en la distancia. La perspectiva, el ángulo de inclinación. La tangente. La caída. Las venas diciendo hacia dónde debe ir la sangre y dónde el corazón. Los puntos sobre las íes y los puntos suspensivos. Las claves. De sol, de las cajas fuertes. Las contraseñas y los guiños. Los años. Las sumas, las restas. Lo exponencialmente cierto. Lo inhábil y lo imposible. Lo real. El cucharón en el estofado. Las miradas de ríos y de mares. La sal en los ojos y en la boca. Aquello inexplicable y tierno y hermoso. El infinito. |
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